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Abrazo de koala

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Este post participa en la XXXI Edición del Carnaval de Biología que acoge Retales de Ciencia Phascolarctos cinereus ese es el nombre científico de estos adorables oso... NO ¡Los koalas no son osos! los osos pertenecen a la familia Ursidae mientras que los koalas son los únicos miembros de la familia Phascolarctidae . Me explico, en la actualidad se distinguen dos grandes grupos (subclases) de mamíferos:  Los prototerios, grupo que se caracteriza (entre otras cosas) porque el embrión se desarrolla en el interior de un huevo, en este grupo se encuentran los monotremados (ornitorrincos y equidnas). Perry es un monotremado. Los terios, donde el embrión se desarrolla en el interior del útero materno. Aquí se clasifican los euterios (mamíferos con placenta) y los marsupiales (el embrión nace poco desarrollado y se arrastra a un saco donde completa su maduración).  Crash y Eddie son zarigüeyas (marsupiales del continente americano). Lo que esto...

Más que una molécula

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Dos átomos de hidrógeno unidos mediante un enlace covalente polar a uno de oxígeno, ¿Nada complicado, verdad? ¿Qué hay de especial en la unión de dos de los elementos más comunes del universo? Mucho, diría yo.   Tomemos por ejemplo a ese diminuto punto azul pálido, el tercero de los ocho planetas que orbitan esa ordinaria estrella tipo G2 V ubicada en la orilla de una de las tantas galaxias de espiral. La superficie de ese planeta rocoso está cubierta en un 70% por billones de estas unidades moleculares a la que la especie humana llama gustosamente “agua”, ahí el agua se ha aliado con la química orgánica para dar sustento a una inmensa diversidad de formas vivientes. En este pequeño planeta ocurre algo interesante; todos los días la radiación electromagnética proveniente del “sol” viaja ocho minutos luz (144,000,000 km) y penetra en la atmósfera terrestre, una parte de esta radiación queda retenida en la masa gaseosa, pero la que logra llegar a la superficie a...

Secuelas de un amor prohibido

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Su amor era algo imposible, pertenecían a linajes completamente distintos y aunque probablemente compartían un origen en común, sus caminos se habían separado hace varios cientos de millones de años. Durante ese tiempo sus familias se habían embarcado en una carrera armamentística resultado de interminables y feroces batallas a muerte ¿quién inició la guerra? Nadie lo sabe, lo cierto es que la generación de los dos amantes no sería la excepción: estaban obligados a luchar. Era ese tipo de amor que solo el odio podría entender, la presencia de uno tarde o temprano terminaría por acabar con la existencia del otro, y sin embargo, ahí se encontraban, por más que intentaran negarse a luchar no podían evitarlo, esa forma de vida había quedado grabada en los genes de ambos hace billones de generaciones.  Él fue el primero en deslizar sus técnicas de ataque, al acercarse pudo reconocer el receptor especifico en la membrana de su amada, presuroso intento acoplarse a la superficie...